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lunes, 22 de noviembre de 2010

Lipemanía

No es nada nuevo que siempre tengo más de una idea dándome vueltas por la cabeza y no precisamente por exceso de creatividad. A cada suceso de mi vida suelo narrarlo dentro de mi cabeza como si se tratara de un programa de televisión Y estos últimos 3 días he estado tratando de recuperar mi estilo de escribir en este blog al menos, porque por otras cuentas e identidades, donde la acción narrativa/descriptiva se vuelve muy cotidiana y por ello más ligera no me tomo mucho la molestia de disfrutar redactarlo. Son sólo pensamientos rápidos, pasajeros, pero que me gusta expresarlos a mi propia manera.

Ilustración de Dave McKean

Estuve escribiendo y volviendo a redactar entradas ahora suprimidas que espero no hayan leído, y hoy, después de casi perder la cabeza por mi mal sentida frustración, recordé las palabras que David Lynch había querido compartir con el público (no de manera gratis al menos) en su libro sobre meditación y creatividad, y la manera en cómo éstas dos se complementan, titulado "Catching the big fish" donde menciona: "Si quieres pescar pececitos, puedes permanecer en aguas poco profundas. Pero si quieres pescar un gran pez dorado, tienes que adentrarte en aguas más profundas.  En las profundidades, los peces son más poderosos y puros. Son enormes y abstractos. Y muy bellos. Yo busco un tipo particular de pez importante para mí, pero allá abajo nadan toda clase de peces. Hay peces para los negocios, peces para el deporte. Hay peces para todo. Todo, cualquier cosa, surge del nivel más profundo./ La física moderna denomina a ese nivel campo unificado. Cuanto más se expande la conciencia, más se profundiza hacia dicha fuente y mayor es el pez que puede pescarse. "

He concluido pensando que mi pez grande es esto, es sentir cuando escribo, siendo lo más real que puedo ser- y es que lo estoy disfrutando tanto que no puedo dejar de mencionarlo, como el sencillo pero simultáneo profundo gozo de un niño sobre lo que ellos consideran los placeres más gratos de la vida- Las ideas nadan como pescecitos en la pescera de mi cabeza de una manera muy veloz y a veces tengo problemas para capturarlos, pero cuándo pescas el gran pez, entonces las dimensiones de todo son mucho mayores.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El Gran pez

Esta película ha sido la perfecta clausura para una semana poblada de buenas historias, aquellas que son parte de la realidad más allá de la ficción, y vidas de película, como las nuestras.

Originalmente concebida como "The big fish: a novel by mythic proportions" de Daniel Wallace, nadie mejor que Tim Burton para llevar grandes historias de fantasía y anexarlas a la gran cantidad de sensibilidad que él posee. "The big fish" o "El gran pez" (como uds prefieran llamarlo), narra la increíble vida de  Edward Bloom, contada desde la perspectiva de su hijo Will, haciendo que todos los capítulos giren en torno a un mismo tema: su padre enamorado de quien ahora sería su esposa.



La película está llena de frases memorables, siendo una de mi favoritas aquella que se hace presente en estos fotogramas anteriores donde el protagonista nos cuenta: "Dicen que cuando conoces al amor de tu vida, el tiempo se detiene... y es cierto. Lo que no te dicen es que cuando se vuelve a poner en marcha, lo hace aún más rápidamente para recuperar lo perdido"

Y el argumento de la película misma que se resume en esta frase: "Un hombre cuenta sus historias tantas veces que al final él se convierte en esas historias. Siguen viviendo cuando él ya no está. De esta forma, el hombre se hace inmortal." Sabias palabras.

martes, 19 de enero de 2010

"Cambio nuevo por antaño"

Estas tardes se están volviendo nuevamente monótonas y aburridas sin tu distracción diaria. Aun recuerdo mi incomodidad por el nuevo momento a solas que decidí pasar contigo y al cual tu también, pareciendo sentirte incómodo, sugeriste invitar una compañía, la cual como presagiando que debíamos estar solos, no se encontraba disponible :) No recuerdo muy bien que hicimos ese día.... sabes que mi memoria es pésima y sólo tengo esbozos algunos de lo que pudo haber sido unas buenas imágenes. Pero bueno, ya no estás y debo enfrentar mi realidad: no tengo mucho por hacer.

Y respecto a esas últimas palabras (no tener nada por hacer) no es del todo cierto, siempre hay mucho por hacer, meditar, llamar a alguien con quien no se ha hablado hace mucho, escuchar algo de música empolvada, ver con una nueva perspectiva una película ya vista, etc. Y eso fue lo que me decidí a hacer; recordando una especie de pacto asumido ayer de ver "Amelie", la cual no vi porque me conquistó el sueño causado gracias a una botella de vino, cuyo contenido fue bebido en su mayoría por mí, y compartido en desiguales cantidades con otros dos compinches de esa sicodélica tarde.

Separé "Amelie" de mi videoteca y observé que "Babydoll" estaba puesta estratégicamente encima del reproductor de dvd como invitándome a verla de nuevo, cosa que me he propuesto hacer porque una sola vez no es suficiente para entender todo el mensaje contextual. Pero decidí darle una oportunidad a la caja boba con su publicitada televisión por cable y me situé frente a un cuadro hermoso, con una fotografía impresionante, de esas que logran capturar mi atención por sobretodas las cosas y me dejé llevar. No me arrepiento. Escenas memorables de los famosos jardines ingleses, imágenes que solo me hacen recordar a "El gran pez" , con una iluminación suave, tenue, encandilante, hechizante.

La historia me arrastró a la de tres hermanas que se esfuerzan por ser personalidades importantes en el mundo del arte, del cine y del ballet, de su empeño por sobresalir en un terreno nuevo y poco asequible para ellas: el mundo del espectáculo, del éxito y de la fama(...) Algo en común que pude notar en las dos películas que vi  fue que algunos elementos de la trama parecían ya muy enredados, al mejor estilo de telenovela mexicana, pero sin caer en la mediocridad. Al ser los demás elementos perfectamente combinables, se les perdona estos "lapsus", que hasta parecen sorprenderte en medio del desarrollo de la trama.

¿Mi conclusión? Siempre hay algo que hacer, un gusto por revivir, ¿en mi caso? el cine, porque hacía ya buen tiempo que no disfrutaba de un buen filme, del cine no más. Y eso revivió en mí a su vez, mi gusto olvidado por el jazz de salón, por la poca música clásica que sé escuchar, pero pude diagnosticar que eso era precisamente lo que mis oídos saturados de la aburrida música de hoy necesitaban escuchar y que me pedían a gritos. Gracias, Kubrik.